El libro de lectura ha sido el más utilizado en la práctica escolar. A lo largo del siglo XIX, la mayor parte de los manuales que se usaban en la escuela podían ser considerados como libros de  lectura.
Estos textos cumplían varias funciones: perfeccionaban el hábito lector en los neolectores; transmitían conocimientos de lecciones de cosas o de materias escolares; atendían la dimensión lúdico-recreativa del desarrollo infantil; adoptaban estrategias moralizantes y de formación humana.
Libros de 
Lectura 
Extensiva